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Lo que aprendí del futbol

He jugado futbol desde que tengo memoria. Desde antes de tener memoria. Hay fotografías mías tras de un balón a una edad en la que ni recuerdo ni haber existido. Siempre me ha gustado más, mucho más, jugarlo que verlo. No soy un erudito en formaciones y estadísticas y tampoco soy muy bueno con la pelota, pero siempre, toda mi vida, el futbol ha estado presente. Tengo algunos huesos rotos por causa del futbol, pero cada uno de los dolores que esas lesiones me ocasionan en los días fríos, me llevan a momentos de gloria o por lo menos, de felicidad jugando futbol. Hoy sigo jugando futbol. Cuarenta años después de tener mi primer uniforme, sigo aprendiendo del futbol.

El hijo de la chingada

Trato de escribir sin explicación, pero esta lo amerita. Soy un hijo de la chingada. Cuando opino sobre muchos temas me lo dicen y por otras razones también me lo han dicho de frente y a mis espaldas, tanto, que me lo creo. Como hijo de la chingada que soy, traté de reunir todos los argumentos y expresiones que leo y escucho tanto en las redes sociales como en la televisión y en la prensa, con el objetivo de entender por qué lo soy y cómo puedo dejar de serlo. 

El día que volví a rezar.

Si me van a encontrar muerto, por lo menos que sea en mi cama y medio presentable. Eso pensaba mientras me levantaba del piso con la vista nublada, sin distinguir entre arriba o abajo, ya habiéndome dado por vencido. Estaba en el piso porque decidí hincarme para quitar un poco el mareo. Al acercar mi cabeza al suelo, cerrando los ojos, noté como todo se oscurecía, excepto una gran luz en el centro. Conque así es, pensé. Nada de ver una película de mi vida, nada de familiares sonriéndome desde el otro lado, nada. Solo la oscuridad devorando ese punto de luz. Sólo el silencio. Me levanté y decidí que lucharía. Eso de morirse no es emocionante. Por lo menos no así. 

Ascalón

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No importa cuantas veces cambie de casa, incluso si cambio de ciudad, cada que se acerca la primavera, un par de tórtolas (uno él y otro ella como manda la moralidad) llegan e instalan un nido en algún recoveco.