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Las *#$%&

“Espérame… wait” le dije a mi papá un día. Como iba cuatro pasos delante de mí, no alcanzó a propinarme la cachetada que merecía según lo que mi defectuosa pronunciación le dio a entender y sólo preguntó, con su cara calmada pero esa voz de trueno que indicaba que estaba por desatarse una tormenta “¿Espérame… QUÉ?” Mis ojos se abrieron como platos y mi cerebro comenzó a girar a diez mil revoluciones tratando de adivinar por qué esa reacción. Un instante después entendí y pude decir, lentamente, con un hilito de voz: “gu… ei… T”. Me aseguré de pronunciar la te como si las consonantes mayúsculas se acentuaran.

La lluvia en mis pantalones

Estuve caminando bajo la lluvia. Al principio, debajo de mi paraguas, aceleré el paso. Cuando unos metros más adelante me convencí que por mucha velocidad que llevara iba a terminar totalmente mojado, decidí bajar el ritmo.

Soy prietito

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Esta mañana me conmovió la noticia del pobre Noé Hernández, quien siendo indocumentado, fue deportado por las autoridades norteamericanas. Decía la nota, que será reproducida hasta el cansancio en muchos noticieros: “Noé Hernández ya no puede abrazar a su esposa Aída, ni a su hija Jocelyn, después de 23 años en los Estados Unidos, fue deportado a México. De nada valió a Noé Hernández ser una persona honesta”.