15 de febrero de 2013

Las papas de mi abuela



Hay hormigas en mi cuarto de baño. No importa cuanto se fumigue o el agua que les caiga, hay hormigas, apresuradas, yendo y viniendo, aferrándose a la húmeda pared en una fila interminable que viene de afuera y sigue por todos los muros hasta el otro afuera. Mi regadera es un paso obligado desde donde vienen hacia donde van.


Mi abuela tenía papas en la parte más alta de su armario. No recuerdo por qué, pero recuerdo haber tenido en mis manos, en más de una ocasión, un tubérculo que encontré ahí arriba. A veces sobre papel de aluminio, otras no.

Ese clavo lo clavó tu abuelo, no lo quites. Pequeño pedazo de metal que sostiene nuestros recuerdos, aunque la razón por la que estuvo ahí originalmente ya no tenga razón.  El clavo siguió  ahí por siempre, pero hace años que alguien lo quitó. Ese clavo es como el sacacorchos o aquel reloj que me recuerda momentos e historias que no son mías.

El clavo y las papas pasan por mi memoria igual que las hormigas en la regadera. Van y vienen día y noche. También pasa la vitrina de la otra abuela, llena de tesoros intocables que sí pudo tocar el más pequeño cuando era el más pequeño de todos hasta que dejó de serlo para ceder su lugar a otro. Este otro ya no pudo tocar lo intocable porque ya no estaba la vitrina que era como la canción.

¿Qué hacía yo en lo alto del armario del cuarto del fondo en casa de mi abuela? No lo se, sólo recuerdo que tomaba una papa o varias, las veía y las volvía a colocar en su lugar. Ella alguna vez me contó la historia del por qué estaban ahí, pero como el clavo, la historia desapareció, dejando en su lugar sólo las papas.

En muchas ocasiones, sin que nadie me viera, me quedaba contemplando la vitrina de la otra casa. Recuerdo que había muchas sin que pueda decir exactamente qué había. Estoy seguro que no había papas.

Nunca supe a dónde iban a parar esas papas, a dónde fue el clavo o dónde terminaron los tesoros de la vitrina. Como las hormigas, llegaron de un lugar desconocido y van andando a otro lugar. Su paso es mi recuerdo y mi regadera.

El agua ya se enfrió, lo que me indica que es hora de terminar el baño, poner otra vez en su lugar mis clavos, vitrinas y papas. Salir de un lugar y llegar a otro, pasando por aquí.

Como hormiga. Como las papas de mi abuela.