27 de septiembre de 2016

La paradoja de Seinfeld.



Los que marchan a favor de la familia son unos idiotas, intolerantes, retrógradas, fanáticos religiosos mal informados, protectores de curas pederastas que están en contra de la modernidad y de la igualdad de los derechos de todos.
Es básicamente la premisa sobre la cual, lo antifamiliatradicionalistas – que los llamo así porque se me da la gana y para agrupar a la comunidad LGBT junto con todos los “heteros” modernos y ahorrarme muchas palabras más adelante – han expresado en medios, redes sociales, cafés, restaurantes y marchas. También dicen los AFT – o sea, antifamiliatradicionalistas, pero abreviado a mi gusto – que esos que marchan a favor de la familia no debería marchar ni pedir lo que piden. Un texto emblemático de AFTs, inicia afirmando que “Tristeza es lo que siento al ver el contingente marchando ‘a favor de la familia’, cuando la realidad es que lo hacen en contra de quienes buscan tener sus mismos derechos”. Más adelante asegura su valiente e informador escritor, que siempre ha “estado a favor de la libre expresión y la defensa de nuestros derechos”. Ya me perdí. Los AFTs se rasgan las vestiduras y se azotan cuando los MIR –mochos intolerantes retrógradas porque así quiero llamarlos yo – marchan por defender lo que ellos creen, hacer lo que están convencidos y defender sus derechos, ejerciendo su derecho de hacerse oír por quienes los gobiernan y en general por todo el mundo. Tal como lo hace la CNTE, los 400 pueblos, el Sindicato de Electricistas o incluso la “gente bien” que marchaba “por la Paz” en tiempos de San Andrés, el Peje Capitalino. Cada año, la gente debe aceptar la Marcha Zombie, por más idiota que pueda parecerle. También debemos presenciar las marchas de choferes de Uber exigiendo seguridad y libertad para trabajar. Y aplaudirles y reconocer sus esfuerzos, su valentía y sus ganas de ejercer sus derechos. Pero lo más absurdo es que cada año, en cada ciudad, la gente tenga que soportar – presenciar, vivir, acompañar, sufrir, según la preferencia y el momento – una Marcha del Orgullo Gay. Esa marcha sí está bien, según interpreto a contrario sensu – arroooz – el discurso de los AFT. La Comunidad LGBT, similares y conexas sí puede salir a la calle a exhibir su creencia, su condición y su preferencia. Los MIR no pueden hacerlo, hasta que resuelvan todos los casos de los curas pederastas, entre otros deberes pendientes de una iglesia que está en la mitad de ambos bandos. Somos demócratas – demócratas en el sentido de Leviatán, no en el de la Hillary, no se equivoquen – somos demócratas digo, para apoyar la causa por la que simpatizamos, pero nos mostramos fascistas al momento de escuchar las posiciones contrarias. Estamos en contra de los estereotipos. Si algún Kramer por ahí, por cualquier razón no utiliza el listón o el moño de nuestra causa, nos convertimos en un vulgar Cedric o en un ordinario Bob. Aunque el verdadero nunca lo haya hecho, el Voltaire de Tallentyre o Evelyn Beatrice Hall – según su nivel – fue contundente con su “Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”. Si somos tan progresistas y tolerantes como decimos que somos, demostrémoslo. Tengo conocidos que estuvieron en la famosa marcha y han estado en otras, junto con sus familias, sí, unos MIR. Así los quiero. Tengo otros que son homosexuales y heteros modernos, AFTs. También los quiero. Unos quieren una cosa y otros quieren otra cosa. Yo lo que quiero es que los dos digan lo que piensan, expongan sus razones y, de ser posible, lleguen a un acuerdo, pero no se juzguen cual morenos Trumps. Lean amigos, lean. Hobbes es un buen principio, volvamos a empezar para no regresar al Estado de la naturaleza, tal como lo estamos haciendo: “cada hombre es enemigo de cada hombre; los hombres viven sin otra seguridad que sus propias fuerzas y su propio ingenio debe proveerlos de lo necesario. En tal condición no hay lugar para la industria, pues sus productos son inciertos; y, por tanto, no se cultiva la tierra, ni se navega, ni se usan las mercancías que puedan importarse por mar, ni hay cómodos edificios, ni instrumentos para mover aquellas cosas que requieran gran fuerza o conocimiento de la faz de la tierra ni medida del tiempo, ni artes, ni letras, ni sociedad; y lo que es peor que nada, hay un constante temor y peligro de muerte violenta, y la vida del hombre es solitaria, pobre, grosera, brutal y mezquina”. Yo no quiero eso. ¿Tú?