7 de abril de 2016

El trabajo de buscar trabajo


Este no es un artículo que te vaya a exponer los beneficios de buscar trabajo o te vaya a pasar algunos secretos sobre cómo encontrarlo y ser el mejor buscador de trabajo del mundo. Esta reflexión sale de lo más profundo de la reflexión, de mi ingenuidad, de la decepción y desesperación de buscar trabajo sin suerte. Es todo lo contrario a lo que se ve publicado por ahí. Es una historia sin final y sin moraleja. Es un desahogo.


Debo comenzar diciendo que los expertos en búsqueda de trabajo recomiendan que hagas un trabajo de buscar un trabajo. Si todos los días buscas en los diferentes medios que tienes al alcance, tocas puertas, llamas y visitas, en poco tiempo tendrás el trabajo de tus sueños. Yo, como no soy experto en búsqueda de trabajo, lo he creído y, siguiendo todas las recomendaciones expertas que me han llegado, he convertido en trabajo el buscar el trabajo de mis sueños. Bueno, buscar un trabajo. Cualquiera.

Hoy, dieciséis meses después, esta es mi evaluación sobre el trabajo de buscar trabajo:

Estoy registrado en todas las bolsas de trabajo que existen. Piensa en cualquiera y ahí estoy. Locales, extranjeras, nacionales, internacionales, europeas, africanas, asiáticas, industriales, de cámaras de comercio, en inglés, en español y hasta en alemán y francés. En todas ellas aparece mi nombre, formas de contacto y mi experiencia. No sirve. Registrarte y esperar a que alguien haga una búsqueda de un perfil entre los datos que tienen guardados, es algo que no funciona. En todo este tiempo, con esta opción sólo una vez encontraron mis datos en una bolsa de trabajo inglesa y me llamaron de una empresa saudí para un trabajo en Nigeria. Estuve muy puntual en mis entrevistas a las 4 de la mañana y después de la segunda, sigo esperando la llamada después del “ok, te llamamos”.

Entendido, esa estrategia no funciona, así que paralelamente comencé a utilizar LinkedIn para mi búsqueda. En LinkedIn encontramos cientos, miles de reclutadores que trabajan dentro de las empresas para las que reclutan o trabajan como externos, headhunters les llaman. Hay de todos tamaños y todos tienen “500+ conexiones”. Yo personalmente tengo cerca de 240 reclutadores como contactos en LinkedIn. Todos los reclutadores que tengo como contacto, sin excepción, han publicado dos cosas: una oportunidad para la cual tengo el perfil y lo difícil que es ser reclutador.

No sé qué tan complicado sea ser reclutador. Imagino que tener cientos de vacantes con cientos de solicitudes por cada vacante debe ser un trabajo muy complicado. Revisar los cientos de perfiles para reducirlos a 5 o 6 debe ser extenuante. Después, para esos 5 o 6 vienen las llamadas, una o dos, para hacer las mismas preguntas, recibir las mismas respuestas y buscar algo que distinga a uno de los demás. Complejo.

Hoy presenté mi solicitud número 86 en LinkedIn. De antemano conocedor del resultado, porque después de 85 solicitudes uno sabe que no hay nada nuevo en el proceso, me decidí a escribir esto que tengo guardado hace un tiempo. Exactamente el mismo tiempo que tengo sin un trabajo. El mismo tiempo que tengo buscando una oportunidad.

Soy originario de la Ciudad de México, donde estudié mi carrera y tuve mis primeros 8 años de experiencia. Una muy buena oportunidad me sacó de la metrópolis y me llevó a una ciudad que entonces tenía 700 mil habitantes. Como es normal es esos casos, el nivel de vida podía llegar a ser muy bueno con poco dinero. Aunque no ganaba poco. En ese lugar estuve otros 8 años de mi vida laboral. Ya con 16 años de experiencia, la empresa y yo decidimos separar nuestro camino. Al ver mi situación en ese momento (saliendo de un buen trabajo, en una ciudad pequeña y con nada más que el dinero de mi acuerdo de salida), decidí que me quedaría en “provincia”, por lo menos hasta que apareciera una oportunidad que me llevara a una gran ciudad o de regreso a la capital. Al principio, mi posición era que me llevaran. Que la empresa pagara mis gastos de traslado. Yo era su mejor opción y eso era el costo. El costo. Poco después decidí calcular cuál sería el costo de yo pagar mi propia reubicación a donde fuera necesario. Coticé mudanzas, cambio de escuelas para los niños, rentas, todo. Para vivir más o menos como lo estaba haciendo. Resultó, para mi sorpresa, que el costo de reubicarme dentro del país, era menor al 8% del salario anual esperado. Yo podía pagarlo si eso me daba una ventaja sobre otros candidatos o si por lo menos me ponía al parejo de ellos.

Preparé cartas de presentación para acompañar mis solicitudes en las que, además de mencionar que he trabajado para dos empresas de Fortune 500, exponía por qué vivo fuera de la Ciudad de México, cuánto tiempo tengo de vivir fuera y que, en caso de tener la oportunidad, yo mismo, con mi propio dinero y sin entorpecer mis responsabilidades en la empresa, haré la mudanza y todo lo demás.

En pocas palabras, si quieren que trabaje en la Ciudad de México, en Tijuana o en Chetumal, el costo de irme para allá es mío. Se llevan un empleado, con mi experiencia y disposición, a donde quieran sin pagar un peso de reubicación. Eso dice mi carta de presentación. En lenguaje más formal, pero ese es el mensaje.

Me llegó una oportunidad así. Una empresa francesa quería que trabajara yo en la Ciudad de México. Yo pagué mis vuelos para las entrevistas y ellos me hicieron saber por medio del reclutador que tal día debería presentarme en sus oficinas para comenzar a trabajar. Sin haber hablado de dinero, sin contrato, sin firmar documentos, sin conocer a la gente de la empresa y sin nada más que un correo del headhunter externo. Por supuesto que no caí en la estafa. El día en que debía presentarme, el supuesto headhunter me envió un correo diciendo que había mucha gente esperándome y nada más. Nunca más. Si algo parece raro y huele mal, no esperes que sea un trabajo decente. Puede ser un fraude. Ese “reclutador” desapareció.

Con esa anécdota aparte, debo decir que, como parte de mi trabajo de buscar trabajo, me he especializado en tener diferentes formatos de Curriculum Vitae, Hoja de Vida o Resume, como prefieran llamarlo. Cada uno enfocado a diferentes actividades que he realizado y que envío según el perfil que se busque en la vacante. En cada formato menciono además algo breve sobre los otros campos de experiencia que, aunque no se mencionen expresamente en la vacante, van junto con la responsabilidad.

Todos los días estoy frente a mi computadora por un período de 3 horas revisando LinkedIn por supuesto y todas las demás páginas de búsqueda de empleo. Reviso, selecciono, solicito, doy seguimiento, envío correos, hago llamadas, contacto amigos, familiares, contactos, contactos de amigos, amigos de contactos, familiares de amigos y demás. 3 horas al día. He visto vacantes que han sido ocupadas, desocupadas y vueltas a ocupar. Hay una posición en una empresa que ha sido ocupada y desocupada 3 veces en estos 16 meses.

Tal vez, un reclutador lector pudiera decirme que 3 horas al día no es suficiente. Y visto el resultado, no lo es. El problema es que, como lo saben los que trabajan buscando trabajo, este trabajo es un trabajo muy mal pagado. Básicamente tu sueldo es cero. Eso me obliga a buscar otras actividades donde pueda recibir algunos pesos para medio sobrevivir. Cada día son menos los pesos que se consiguen, pero más lo que se deben. Y el trabajo de buscar trabajo no paga cada quincena.

Está bien, no nos lamentemos.

¿Cuál es el resultado de mi trabajo de buscar trabajo? En 12 meses he enviado 85 solicitudes por LinkedIn con un porcentaje de llamadas para un acercamiento o primera entrevista del 3.5%, para segundas entrevistas del 1.18% y para terceras entrevistas del 0%. En números normales, 85 solicitudes, 3 entrevistas, 1 segunda entrevista, ningún éxito.

De ese 3% de entrevistas que he tenido, sólo en una ocasión el reclutador me llamó para decirme que gracias, pero no gracias. De los otros dos, sigo esperando que se pongan en contacto conmigo. Dicen por ahí que mientras no hayan dicho que no, aún hay esperanza.

Esas 85 solicitudes se refieren únicamente a los perfiles que describen el trabajo que he realizado exitosamente, con pequeñas diferencias según quien lo escriba o la industria a la que pertenece. Por otros medios, desde bolsas de trabajo hasta correos directos, he enviado alrededor de 220 hojas de vida para perfiles iguales o parecidos al mío.

A eso hay que adicionar que mis expectativas salariales han caído más del 75%. Llegó el punto en que básicamente estoy dispuesto a trabajar ganando en pesos actuales menos de los que ganaba cuando comencé, hace 21 años. De ese tipo de trabajo, que también he realizado, he presentado más de cien solicitudes, con el mismo éxito que las anteriores.

En conclusión, más de 300 solicitudes con una efectividad para primer contacto del 1% y cero trabajos concretados. O soy muy malo en este trabajo de encontrar trabajo o algo más está pasando.

Mis hojas de vida han sido revisadas por expertos que me han dado opiniones positivas y negativas sobre la información que contienen, me han hecho sugerencias y me han ayudado con algunas modificaciones para hacerlas más atractivas.

Yo creo, sinceramente, que el problema está en mi lugar de residencia. Si viviera en la Ciudad de México, ese tema ni siquiera se tocaría y se podrían centrar en mis aptitudes, logros y experiencia. Esto lo digo porque existe un sitio de búsqueda de trabajo, uno de los más grandes y conocidos, donde de plano le impide al solicitante enviar su información si no reside en el lugar de la vacante.

Calculo, con esa visión que me da estar trabajando en buscar trabajo por tanto tiempo, que mi efectividad para primer contacto podría subir hasta 10 o 15% si cambio mi lugar de residencia. Me han recomendado que mienta y que ponga que vivo allá. Que estoy fuera temporalmente por un proyecto. Eso no funciona. Es como el fraude de la supuesta empresa francesa. No podemos empezar a hablar con mentiras y verdades a medias. Vivo fuera, pero estoy dispuesto a moverme yo solo. Es lo que es.

No la estoy solicitando y no se apunten, pero me gustaría mucho conocer la posición sincera y abierta de uno o varios reclutadores sobre esta última reflexión. Sobre cuál es su impresión, actitud y consecuencia cuando llega un candidato que vive en otro sitio. Ya veo que alguno, si no todos, me dirán que eso no es un factor, por lo menos de entrada. Pero con base en mi experiencia, dudaría si esa opinión es sincera. O tan sincera como ésta.

Lo que sí es cierto es que soy tan malo en este trabajo que me he puesto un ultimátum. O mejoro mis resultados o me despido. Sí, estoy dispuesto a dejarme ir y dejar vacante mi trabajo de buscar trabajo.