1 de febrero de 2013

Durcheinander


Todo empezó con un dolor de cabeza y una máquina del tiempo obsoleta, modelo muy antiguo.
Las ramas de los árboles comenzaban a crecer y yo estaba parado escuchando las detonaciones. Azul y amarillo me rodeaba. En el fondo rojo que estaba frente a mí danzaban los grillos, decepcionados por el calcio que comenzaba a escasear. Una tenue luz inundaba todo el espacio de oscuridad y en esa brillante visión nocturna la comezón detrás de las orejas inquietaba a todos. Las cosas que conocía comenzaron a perder su color, pues deseaban cambiarlo por un sabor dulce y tres piedras que encerraran una definición. La definición era escurridiza y asustadiza, pues el menor suspiro la convertía en una flor sabor menta mientras viajaba por el desagüe que cubría la ciudad. Si eso pasa, dicen los ancianos, debemos esperar que el trigo esté listo para ser recogido y cambiar su color amarillo por mermelada de frambuesa. El techo siguió dando vueltas mientras yo buscaba el lunar en la pared. Esa pared azucarada rellena de verdades y sostenida por torres de chocolate. El lunar era de queso cotija y fue a dar una vuelta a la manzana, que era su amiga. Todas las hojas continuaron con su incesante plática, cada una hablando de sus propios intereses sin importar lo que dijeran las otras. Eran de mamey con un poco de olor a tizne, como cuando el negro y el gris se juntan y se te pegan a los dedos. Todos los dedos comenzaban a separarse decididos a tomar cada uno su camino. El pulgar quiso visitar al elefante de canela y en el camino terminó rascando la oreja. Comezón en los codos. En el reloj cuadrado las horas se acumulan temerosas de acabar de cabeza colgando de un almendro y cansadas de sostenerse, caer hasta el primer minuto, que en su caso sería el último. Sin gritar ni sollozar. La H sigue de huelga. A nadie parece importarle y quiere cambiar por tunas pues las tunas les gustan a todos. No hay pájaros. El último invierno antes del anterior salieron a cazar y prefirieron quedarse en el mar de granada disfrutando de la vista que aquí en la ciudad eran ciegos y no veían por dónde quedaban los limones y las naranjas que tanto ruido hacen. El cielo sigue abajo, tranquilo y dormido, sosteniendo las estrellas. Gotas de miel derramadas por la mantequilla que llegó tarde a su reunión y tuvo que abotonarse la camisa por la noche. Aprovechando el fuego este cigarro se enciende soltando carcajadas y comienza a llenar todo el espacio disponible a su alrededor. Los tomates y los jitomates se molestaron con la col que soberbia les dijo repollo no col porque yo he nacido bajo la serpiente que hizo enojar al colibrí y no hablo inglés. Los minutos también se fueron de fiesta con unos marineros y me han dicho que están criando segundos en la estrella que ya no es planeta. Dijeron que perdió la cabeza pero sólo era un dolor de estómago. Todo regresa, ya verán. Excepto la luz porque no se ha pagado el recibo. Prendan velas si se dejan. Los barcos disponibles son pocos y nadie parece escuchar. Pongan atención y miren a su alrededor. Ahí está lo que buscaban. De nada.






Nota aclaratoria:
Durcheinander es alemán. Significa caos, problemas. También cacao igual que en español.