24 de enero de 2012

De fantasmas, política y calzones


Mientras trabajaba anoche, rodeado de los fantasmas que me acompañan a todos lados y otros nuevos que no tuvieron la decencia de presentarse, empecé a reflexionar sobre las candidaturas ciudadanas.
La semana pasada se hizo mucho escándalo sobre dos ciudadanos que son candidatos a la jefatura de gobierno del Distrito Federal en México. De acuerdo con la ley, sólo los partidos, etcétera. Pero éstos son ciudadanos y son candidatos o precandidatos, ya no sé cuál es el término correcto en este momento y que cambiará a la vuelta del mes, pues a mi me parece igual la propaganda de la precandidatura y de la candidatura y el resultado el mismo también, más confundido que al principio y adepto del nuevo término acuñado por Alejandro Pisanty, el “nohayacualismo”.
Pero estos nuevos personajes son ciudadanos, como tú y como yo y quieren llegar al gobierno del DF para cambiar las cosas. Eso es lo que pidió don Calderón cuando le reclamaron sobre la inseguridad a él y a su partido. Eso es lo que muchos ciudadanos queremos, cuando decimos que todos los políticos son iguales (recordé una imagen que vi ayer antes que a mis fantasmas).
Pero no todo es miel sobre hojuelas – yo nunca he comido eso, cuando mucho un buñuelo en Coyoacán – ni felicidad y un nuevo cambio que cambiará el cambio que no cambió más que el color de los políticos.
El problema principal, como incluí en el etcétera de arriba, es que a estos ciudadanos, respetables y hasta activistas, los DEBE proponer un partido político para que puedan ser candidatos (pre).
Ahí es donde la puerca tuerce el rabo, dijo una de mis etéreas acompañantes a cuya compañía ya me acostumbré, después del susto que me causó la primera vez hace 9 años.
Pues sí, la puerca tuerce el rabo cuando los políticos escogen a los ciudadanos que van a representar a otros ciudadanos y a cuidar sus intereses políticos. Entonces, dejan de ser ciudadanos y se vuelven políticos.
Y no digo que los políticos no sean ciudadanos, lo que creemos todos los participantes en esta reunión macabra (cuando el 95% están muertos así se le dice), es que los políticos creen que no son ciudadanos. Y empiezan a actuar como si fueran una especie o una casta superior, que no mejor aunque se los hagan creer a ellos sus fantasmas.
Lo más extraño es que ahora los partidos políticos nos venden a sus ciudadanos como una respuesta contra ellos mismos y sus “ciudadanos” nos quieren hacer creer que no tienen nada que ver ni mantienen relación alguna con el partido que los postuló.
Los espectros que están conmigo nacieron en la primera mitad del siglo pasado. Algunos de los nuevos parece que antes de eso. No se la creen.
Yo tampoco, pero qué pueden saber una bola de muertos y una persona trabajando en el recién inaugurado turno nocturno.
Mejor doblo los calzones que tengo pendientes, porque no se van a guardar solos y mi cliente mañana andará como escocés. Y eso sí que no es justo.