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Lo que aprendí del futbol

He jugado futbol desde que tengo memoria. Desde antes de tener memoria. Hay fotografías mías tras de un balón a una edad en la que ni recuerdo ni haber existido. Siempre me ha gustado más, mucho más, jugarlo que verlo. No soy un erudito en formaciones y estadísticas y tampoco soy muy bueno con la pelota, pero siempre, toda mi vida, el futbol ha estado presente. Tengo algunos huesos rotos por causa del futbol, pero cada uno de los dolores que esas lesiones me ocasionan en los días fríos, me llevan a momentos de gloria o por lo menos, de felicidad jugando futbol. Hoy sigo jugando futbol. Cuarenta años después de tener mi primer uniforme, sigo aprendiendo del futbol.

De la memoria de los días y la soledad

Tenía enfrente el resumen que escribió sobre sus últimos días. Lo leyó una vez más y volvió a sentirse asqueado, aunque no podía definir si era por lo había escrito o porque reflejara sus sentimientos. 

Las *#$%&

“Espérame… wait” le dije a mi papá un día. Como iba cuatro pasos delante de mí, no alcanzó a propinarme la cachetada que merecía según lo que mi defectuosa pronunciación le dio a entender y sólo preguntó, con su cara calmada pero esa voz de trueno que indicaba que estaba por desatarse una tormenta “¿Espérame… QUÉ?” Mis ojos se abrieron como platos y mi cerebro comenzó a girar a diez mil revoluciones tratando de adivinar por qué esa reacción. Un instante después entendí y pude decir, lentamente, con un hilito de voz: “gu… ei… T”. Me aseguré de pronunciar la te como si las consonantes mayúsculas se acentuaran.

La nube que parecía nube.

Sintió que todo perdía sentido. Su huracán siguió con vientos huracanados y la dejó atrás. Ella que soñaba con recorrer el mundo aterrorizando y destrozando. Su ilusión, desde que era una pequeña brisa en el golfo de Eilat jugando con la arena y la historia que bajaba desde el Sinaí, fue dar la vuelta al mundo convertida en desastre. 

La lluvia en mis pantalones

Estuve caminando bajo la lluvia. Al principio, debajo de mi paraguas, aceleré el paso. Cuando unos metros más adelante me convencí que por mucha velocidad que llevara iba a terminar totalmente mojado, decidí bajar el ritmo.

Pinche Negro

Ayer escuchaba la canción Because y decidí escribir. Escribir sobre el negro que al escucharla conmigo hubiera sacado de la visera de su coche una hoja doblada, escrita a mano con la letra y al final diría: Fue escrita por John Lennon, salió en Abbey Road de 1969 y es la canción 2 del lado B en el disco.

El día que volví a rezar.

Si me van a encontrar muerto, por lo menos que sea en mi cama y medio presentable. Eso pensaba mientras me levantaba del piso con la vista nublada, sin distinguir entre arriba o abajo, ya habiéndome dado por vencido. Estaba en el piso porque decidí hincarme para quitar un poco el mareo. Al acercar mi cabeza al suelo, cerrando los ojos, noté como todo se oscurecía, excepto una gran luz en el centro. Conque así es, pensé. Nada de ver una película de mi vida, nada de familiares sonriéndome desde el otro lado, nada. Solo la oscuridad devorando ese punto de luz. Sólo el silencio. Me levanté y decidí que lucharía. Eso de morirse no es emocionante. Por lo menos no así. 

Ascalón

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No importa cuantas veces cambie de casa, incluso si cambio de ciudad, cada que se acerca la primavera, un par de tórtolas (uno él y otro ella como manda la moralidad) llegan e instalan un nido en algún recoveco.

Reflexiones antes del Fin del Mundo II - Las diez de la noche

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Eran las 10 de la noche. Mientras en la trastienda se cambiaba el uniforme naranja, no dejaba de pensar en todo lo que haría a partir del día siguiente. En ocasiones anteriores lo habían llamado suertudo quienes, creyendo conocerlo, juzgaban su posición, su trabajo y sus relaciones creyendo que todo eso se había obtenido por suerte.

Durcheinander

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Todo empezó con un dolor de cabeza y una máquina del tiempo obsoleta, modelo muy antiguo.

La casa verde

Después de muchos años de tormentas llegó la calma. Habiendo sorteado muchas vicisitudes durante más de dos lustros, me detuve frente a la casa donde crecí. 16 años habían pasado que salí de ahí y hoy, aquí frente a ella me doy cuenta que nunca me despedí como se debe.