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Puto. El grito.

Haciendo limpieza de mi información en sitios públicos, encontré algo que escribí en junio de 2014, respecto al sabrosísimo grito de ¡Puuuutooo! que sigue causando controversia y multas. Acá lo dejo de nuevo. Y puto el que no lo lea. 

Lo que aprendí del futbol

He jugado futbol desde que tengo memoria. Desde antes de tener memoria. Hay fotografías mías tras de un balón a una edad en la que ni recuerdo ni haber existido. Siempre me ha gustado más, mucho más, jugarlo que verlo. No soy un erudito en formaciones y estadísticas y tampoco soy muy bueno con la pelota, pero siempre, toda mi vida, el futbol ha estado presente. Tengo algunos huesos rotos por causa del futbol, pero cada uno de los dolores que esas lesiones me ocasionan en los días fríos, me llevan a momentos de gloria o por lo menos, de felicidad jugando futbol. Hoy sigo jugando futbol. Cuarenta años después de tener mi primer uniforme, sigo aprendiendo del futbol.

De la memoria de los días y la soledad

Tenía enfrente el resumen que escribió sobre sus últimos días. Lo leyó una vez más y volvió a sentirse asqueado, aunque no podía definir si era por lo había escrito o porque reflejara sus sentimientos. 

Quise ser ateo

He tratado de demostrar que Dios no existe. He renegado de todo lo que me enseñaron y decidí demostrarme a mí y al mundo que el tal Dios no existe. Que es una idea. Que es le necesidad del ser humano de justificar muchas situaciones. Que es el recurso del ignorante.

La nube que parecía nube.

Sintió que todo perdía sentido. Su huracán siguió con vientos huracanados y la dejó atrás. Ella que soñaba con recorrer el mundo aterrorizando y destrozando. Su ilusión, desde que era una pequeña brisa en el golfo de Eilat jugando con la arena y la historia que bajaba desde el Sinaí, fue dar la vuelta al mundo convertida en desastre. 

Ascalón

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No importa cuantas veces cambie de casa, incluso si cambio de ciudad, cada que se acerca la primavera, un par de tórtolas (uno él y otro ella como manda la moralidad) llegan e instalan un nido en algún recoveco.

Reflexiones antes del Fin del Mundo II - Las diez de la noche

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Eran las 10 de la noche. Mientras en la trastienda se cambiaba el uniforme naranja, no dejaba de pensar en todo lo que haría a partir del día siguiente. En ocasiones anteriores lo habían llamado suertudo quienes, creyendo conocerlo, juzgaban su posición, su trabajo y sus relaciones creyendo que todo eso se había obtenido por suerte.