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Lo que aprendí del futbol

He jugado futbol desde que tengo memoria. Desde antes de tener memoria. Hay fotografías mías tras de un balón a una edad en la que ni recuerdo ni haber existido. Siempre me ha gustado más, mucho más, jugarlo que verlo. No soy un erudito en formaciones y estadísticas y tampoco soy muy bueno con la pelota, pero siempre, toda mi vida, el futbol ha estado presente. Tengo algunos huesos rotos por causa del futbol, pero cada uno de los dolores que esas lesiones me ocasionan en los días fríos, me llevan a momentos de gloria o por lo menos, de felicidad jugando futbol. Hoy sigo jugando futbol. Cuarenta años después de tener mi primer uniforme, sigo aprendiendo del futbol.

Las *#$%&

“Espérame… wait” le dije a mi papá un día. Como iba cuatro pasos delante de mí, no alcanzó a propinarme la cachetada que merecía según lo que mi defectuosa pronunciación le dio a entender y sólo preguntó, con su cara calmada pero esa voz de trueno que indicaba que estaba por desatarse una tormenta “¿Espérame… QUÉ?” Mis ojos se abrieron como platos y mi cerebro comenzó a girar a diez mil revoluciones tratando de adivinar por qué esa reacción. Un instante después entendí y pude decir, lentamente, con un hilito de voz: “gu… ei… T”. Me aseguré de pronunciar la te como si las consonantes mayúsculas se acentuaran.

Ascalón

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No importa cuantas veces cambie de casa, incluso si cambio de ciudad, cada que se acerca la primavera, un par de tórtolas (uno él y otro ella como manda la moralidad) llegan e instalan un nido en algún recoveco.

Durcheinander

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Todo empezó con un dolor de cabeza y una máquina del tiempo obsoleta, modelo muy antiguo.

La Rebelión de la H

Mi nombre es H. Soy la octava letra del alfabeto. También me dicen que soy la sexta consonante del alfabeto latino básico. Lo que quiera decir eso. Este día marca el inicio de mi ausencia.